LA DIABETES, PURO PROTOCOLO

Cuando hablamos de diabetes, lo estamos haciendo sobre algo más, porque la enfermedad, como la conocemos habitualmente, se ha transformado en “puro protocolo”: un conjunto de rituales, procedimientos, rutinas y operaciones sistemáticas. Enfocada de esta manera, nos conduce a que el diabético viva siempre ligado al conjunto de procedimientos y rutinas que requiere la “enfermedad”.

Como diabetes mellitus tipo 1, señalamos que nuestro organismo no produce insulina, necesaria para que nuestro cuerpo organismo saque extraiga la glucosa de los alimentos que consume y la convierta en energía. Por ello las personas con esta diabetes tipo 1 se deben suministrar todos los días la insulina que requieren para conseguir realizar esta función.

Para lo anterior, si eres diabético, debes llevar a cabo una serie de procedimientos: mirarte la glicemia antes de comer, contar los hidratos de carbono de cada comida que ingieres, mirarte la glicemia antes, durante y después del ejercicio físico, calcular cuánto va a durar una reunión en tu trabajo para saber –en función de la glicemia que tengas- si debes comer algún hidrato de carbono adicional o no es necesario.

La diabetes es calculadora, precisa, necesitada de provisiones, protocolos y mediciones, y requiere además de aprender a calcular cuánta insulina debes ponerte, o bien, cuándo enfrentar cambios en las pautas establecidas. Sin embargo, sea desde un inicio o si eres una persona experimentada, debes tener claro que debes saber ser flexible, pues siempre habrá imprevistos que manejar y, si no eres flexible, la enfermedad acaba agobiándote, y con lo que más debes contar es control, manejo, esfuerzo, interés, educación, paciencia y tiempo, para poder tener a raya esta “condición” termina amoldándote.

En términos de clínicas y hospitales, existe la tendencia a transmitir que es una enfermedad crónica, incurable y de por vida; sin embargo, puedo contarte, en mi condición de paciente, que con el paso del tiempo esa percepción va cambiando, porque la diabetes finalmente se convierte en tu “estilo de vida”, el cual requiere del cumplimiento de ciertos deberes, compromisos y responsabilidades con tu diabetes, que no difieren de los que acompañan a todas las personas; ¿conoces a alguien que viva sin deberes ni responsabilidades?

Una vez que la “manejas” y te acostumbras a ella, te vas formando, o moldeando como individuo; te adaptas a sus requerimientos y así vas día a día, transformando tu enfermedad en un hábito más, entre los muchos que tienes; no olvidemos que los seres humanos podemos definirnos, en cierta forma, como un conjunto de hábitos. Así, ocurre la curiosa condición de que esta realidad te va inculcando disciplina en todos los demás aspectos de tu vida.

En mi caso, aunque sea difícil de entender, comparativamente, agradezco que lo mío sea la diabetes, porque es súper manejable, y nunca me ha impedido hacer algo, mientras sí existen otras enfermedades que te imposibilitan, te coartan, te truncan. La diabetes me lo permite todo, siempre y cuando le preste el cuidado y la atención que amerita. Finalmente, mi reflexión cuando voy al doctor o espero algún resultado porque tengo cierto problema médico es: “Por favor, que sea algo con tratamiento y llevadero como la diabetes”, porque si la enfermedad no tiene un diagnóstico acertado, realmente puede complicar la vida.

A continuación, quiero compartir contigo una anécdota relacionada con el tema:

Cuando salgo con amigos, voy a un cumpleaños o desarrollo alguna actividad de ese tipo, ocasiones en que debo compartir con más gente que no sabe que soy diabética, tengo dos posibilidades: Una es no aceptar nada de lo que me ofrecen (que es por lo que he optado últimamente debido a mi peso, ja, ja, ja, que por supuesto no tiene nada que ver con la diabetes). Esta conducta, aparte de jugarme en contra socialmente, me hace quedar como pesada y apática, por lo cual se convierte en una mala opción. La otra posibilidad es explicar que, realmente, no puedo comer porque soy diabética y quiero cuidarme, pero entonces vienen los comentarios: ¿Pero y cómo? ¿Tú? ¿Tan joven? ¡Pero si no se te nota!… Entonces pienso internamente, y toma ya, no has oído hablar de la “enfermedad silenciosa”, es que por algo existen los dichos…

20 años conviviendo con DT1