La insulina es una hormona que ayuda a la glucosa a entrar en las células y convertirse en energía. Si no hay insulina, la glucosa se acumula en la sangre y no se genera la suficiente energía para funcionar adecuadamente.

Por esto, a las personas con diabetes tipo 1 se le conoce además como “insulinodependiente”, quien, al necesitar de múltiples dosis de insulina diarias, requiere de la inyección de insulina como terapia.

Actualmente la insulina utilizada por los diabéticos es fabricada en laboratorios, a través de múltiples procesos de ingeniería genética. Existen varios tipos de insulina, pero habitualmente los más utilizados son tres: insulina de acción rápida, insulina de acción prolongada e insulina de acción ultra prolongada, y la gran diferencia entre estas es el tiempo de duración y acción en el organismo.

Ahora bien, en cuanto al lugar de inyección, esta se debe suministrar en el tejido subcutáneo, el cual es la capa gruesa bajo la piel. Este tejido está en todo el cuerpo, pero según el lugar en que se aplique, varía el nivel de absorción de la insulina; los principales sitios de inyección son: brazos, abdomen, muslo y glúteos.

Es muy importante ir rotando el sitio de la inyección, ya que así no se producen daños en la piel, como la lipodistrofia. Estos sitios se pueden rotar semanal o diariamente, según tú planificación y cómo te sientas cómodo (a).

FranGlucosada

20 años conviviendo con DT1