Las hipoglicemias dependen absolutamente de nuestro nivel de azúcar en la sangre (glicemia), la que depende de las comidas que ingerimos y las actividades que realizamos en el día a día, así como de las unidades que nos hemos suministrado.

Para que nuestras glicemias logren estar en el rango adecuado, debe existir un equilibrio entre los tres últimos factores mencionados.

La “Hipoglicemia”, también es conocida como “baja”, y se presenta cuando nuestra glicemia capilar es inferior a 70 mg/dl.

Este dato es muy importante, pues debes estar en condiciones de conocer cuáles son los síntomas que presentarás ante una baja. Estos son: sudoración, somnolencia, malestar general, debilidad y en las más graves, incluso pérdida del conocimiento.

Estos síntomas, todos o cualquiera de ellos, se pueden producir por una hipoglicemia, donde lo más importante es saber cómo responder a ella, y luego, entender cuál fue el error que te llevó a esa situación (exceso de insulina, exceso de ejercicio, no comer, etc.)

Si bien las hipoglicemias pueden variar de un diabético a otro, es importante que se conozcan y entiendan sus síntomas frente a cada situación, porque esto les ayudará a reaccionar. Cuando la hipoglicemia puede ser gestionada por el paciente diabético, debe consumir azúcar o glucosa, ya que es el alimento de más rápida absorción y ayuda a salir de ese estado.

Ahora bien, en caso de sufrir una hipoglicemia grave, en la cual no se puede responder, se requiere de la asistencia de otra persona para que te suministre la inyección de glucagón o gel de glucosa líquido, y luego te lleve a un centro asistencial, donde puedan evaluar tu reacción post hipoglicemia.

En mi caso, desde pequeña, fui muy buena para las bajas, y por diversos motivos, muy hiperactiva e inquieta, lo cual aportaba mis probabilidades de tener un gasto energético importante, lo cual favorece las hipoglicemias. Luego, en la adolescencia, mi rebeldía con la enfermedad, también me llevó a sufrir algunos episodios considerables de hipoglicemia, ya que no me quería medir y me guiaba sólo por mis síntomas, los cuales claramente, no bastan para manejar la enfermedad… Actualmente mis horarios son la última prioridad, ya que, haciendo una vida normal, todo se rige por los horarios de mis hijos y sus colegios, el trabajo, la familia, y las responsabilidades sobre otras personas, más que yo misma.

La familia en estas situaciones…

La familia es muy importante en el desarrollo normal de una persona con diabetes, y en mi caso, mi familia siempre lidió bien con mi enfermedad.

Recuerdo que cuando tenía quince años, un día de invierno, tarde, aproximadamente a las ocho de la noche, cuando salí de la consulta con mi kinesiólogo, que me trataba por una lesión que tenía, el cual para mi mala suerte quedaba muy lejos de mi casa, como a una hora y media aprox., llamé a mi mamá por teléfono, y ella, con solo escucharme y sentir mi estado anímico, me dijo: “Fran, ¿te has medido la glicemia? Ve cómo estás, porque yo te siento baja…

Apenas colgué, me medí, y la máquina indicó 50 mg/dl, por lo que fui lo más rápido que pude a una cafetería, donde pedí a la chica que atendía que me convidara unos sobres de azúcar, explicándole por qué los necesitaba con urgencia, y luego haría mi consumo, y pagaría lo que correspondía…

Hace un tiempo, cuando me encontraba en casa con mis pequeños, comencé a sentirme mal, pero como estaba haciendo cosas no le di importancia y continué en lo que estaba… Pasado un rato, me encontraba con que casi no podía reaccionar. Entonces fui a la cocina, tomé algo para comer, pero se me cayó el plato y se quebró. Mi marido, que estaba en el segundo piso, bajó de inmediato, y al ver mi cara, me dijo: “Fran, tú estás baja, siéntate en el sillón y yo te traeré algo…

De inmediato hice caso a su indicación; sin embargo, cuando llegó con un plato de mermelada e intentó dármela, se encontró con que me había transformado en la chica del exorcista, y le decía: “¡No quiero, no voy a comer eso!, mientras los peques la pedían mermelada, ja, ja ja, así que finalmente, cuando accedí a comer, lo tuve que hacer en una ronda de tres cucharadas: una para mamá y otra para cada niño…

Qué mérito y paciencia, pobrecito… pero su amor eterno lo ha mantenido a mi lado durante años sin chistar por estos episodios, los aguanta estoicamente ja, ja, ja.

FranGlucosada

20 años conviviendo con DT1